¿Democracia 4.0?


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problema al que se enfrentan las democracias representativas actuales, o democracias 1.0, es en el fondo, un problema de legitimidad del sistema. Tal y como vimos en clase de Filosofía Política, siguiendo a Max Weber, el criterio de legitimidad en los modelos democráticos es el “burocrático legal” o “racional”. Siempre que se respeten las reglas del juego democrático establecidas en la Constitución, el gobierno resultante, una vez que el juego se ha puesto en marcha, tiene la legitimidad necesaria. Sin embargo, las voces críticas nos advierte de que por un lado, en los sistemas democráticos actuales cada vez cobra más peso el elemento carismático en detrimento del democrático. Es decir, cada vez se da más importancia al supuesto carisma del líder de los partidos que entran en la competición electoral, que a las propuestas democráticas que, de una forma clara expuestas en los programas electorales, se deben ofrecer al pueblo. En este sentido el sistema estaría privando al pueblo de algo esencial dentro del proceso de legitimación “burocrático legal” que es la información.
Por otro lado, la existencia de férreas estructuras jerarquizadas en los partidos y sus ejecutivas apartan al pueblo de la posibilidad de intervenir en la formación de las listas electorales y de los programas. El ciudadano pasa de este modo a ser un simple consumidor de “propuestas enlatadas”.
La consecuencia de esta tendencia en las democracias 1.0 (democracias en las que el ciudadano simplemente es un votante, que como en aquella web 1.0 únicamente podía ver las páginas sin poder interaccionar con ellas) es una fractura entre representantes y representados. La nueva formación de gobiernos en Italia y Grecia compuestos de tecnócratas, que al modo platónico desde su estado de noesis, tienen un acceso inmediato a la Verdad y a la Justicia, no haría sino profundizar en esa brecha entre la clase política –ya desaparecida- y el pueblo al que se le priva, por no ser experto en las materias, de la posibilidad, no ya de opinar sobre las leyes que va a padecer, sino incluso de elegir a sus representantes.

En el artículo publicado en El País “Se acabó el cheque en blanco”, podéis encontrar una propuesta interesante sobre la posibilidad de ampliar la democracia 1.0 a una democracia 4.0, en la que, al igual que en las nuevas redes sociales, los ciudadanos puedan gestionar, intervenir y en definitiva, aumentar el nivel de interacción en la vida pública. Se trataría, dicen los defensores de esta propuesta de trasladar mayor poder de decisión al pueblo.
Un artículo también interesante es “¿Democracia 4.0? La conciencia social no surge del ratón”, en el que se planean los peligros a los que se podría enfrentar esa democracia 4.0.
En definitiva, dos artículos representativos del debate sobre hacia dónde tienden las democracias representativas dentro del contexto de crisis económica en el que nos encontramos. Recordad que la idea que se intentaba mantener en clase es que los modelos económicos están asociados a sistemas políticos y que el hundimiento de un modelo económico arrastra en su caída al sistema político en el que está implementado.

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