La Justicia como equidad


Autor. Manuel Daza Ramos

J. Rawls parte de la idea de que la libertad va unida a la igualdad y no puede desligarse de ella. Los recursos y recompensas sociales no dependen del azar natural, la dominación o las contingencias y para garantizar la imparcialidad a la hora de dar contenido concreto a esa idea de justicia, es necesario articular un procedimiento en el que los legisladores desconozcan qué les puede resultar ventajoso particularmente. El resultado serían los principios más generales de justicia: el máximo de libertades fundamentales para todos, la estricta igualdad de oportunidades y la sola aceptación de las desigualdades que reviertan en beneficio de los menos favorecidos. Desde esta preocupación su filosofía puede denominarse como liberalismo igualitario.

Texto
“El liberalismo político responde que la concepción de la justicia debe ser una concepción política, tal como se definió en § 9.1. Dicha concepción, cuando es satisfecha, nos permite decir lo siguiente: el poder político es legítimo sólo cuando es ejercido de acuerdo con una constitución (escrita o no escrita), cuyas esencias pueden aceptar todos los ciudadanos, como ciudadanos razonables y racionales que son, a la luz de su común razón humana. Éste es el principio liberal de legitimidad.

Es un desideratum adicional el que todas las cuestiones legislativas que conciernen a esas esencias o lindan con ellas, o son altamente divisivas, también se resuelvan, en la medida de lo posible, siguiendo directrices y valores que puedan aceptarse de forma similar”.
J. Rawls, La justicia como equidad. Una reformulación.

Asamblea Nacional Francesa

El problema de la legitimidad podríamos formularlo así: ¿en qué condiciones puede considerarse plenamente adecuado o justificado el ejercicio del poder en una sociedad democrática? La respuesta de Rawls es que la teoría de la justicia como equidad es el marco para la idea liberal de legitimidad. Un poder es legítimo si existe una aceptación de su autoridad entre los miembros de la comunidad. Según el liberalismo, el poder político sólo está justificado (es justo) cuando se ejerce de acuerdo con una constitución que sea, en sus aspectos fundamentales, consensuada por todos los ciudadanos y que garantice la pluralidad y la libertad. Estos ciudadanos poseen “capacidades morales fundamentales”: la racionalidad, o capacidad de desarrollar y de intentar poner en práctica una concepción del bien y la razonabilidad, o capacidad de desarrollar un sentido de la justicia.

Una vez establecido el marco general (constitución consensuada), constituye además un rasgo deseable que exista un procedimiento igualmente consensuado (en valores, directrices y reglas) para dirimir los asuntos relacionados con las cuestiones básicas o colindantes con ellas, y también las que provoque una alta división en la sociedad. Pensemos en el tema del aborto, de la eutanasia, del matrimonio homosexual o de la reforma laboral. No se trata simplemente de que el partido que gobierne imponga sus ideas por estricta ley de mayoría, sino que han de existir técnicas y orientaciones aceptadas por todos para resolver estos asuntos. Así en nuestro país, en el marco del derecho, se crean instituciones como la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional.

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Dios no es una hipótesis necesaria


Se cuenta, que cuando  el físico, astrónomo y matemático  Pierre Simon Laplace (1749-1827) presentó a Napoleón su libro Traité de Mécanique céleste en el que exponía su modelo cosmológico, el emperador le preguntó por el papel que jugaba Dios en todo aquello, a lo que Laplace le respondío: “No he necesitado esa hipótesis, Sire”.

Algo parecido ha hecho recientemente el astrofísico Stephen Hawking en la lectura de una conferencia que pronunció el 16 de abril en el California Institute of Technology. La conferencia, a la que asistir requería hacer colas de hasta 12 horas, e incluso se sabe de alguien que llegó a ofrecer 1000 dólares por una entrada, sin éxito, tenía como título The Origin of the Universe  y se trata de la lectura actualizada de un texto que Hawking escribió en 2005.

Entrada a la coferencia de S. Hawking

En la conferencia se hizo un repaso de la historia de la astrofísica desde las primeras explicaciones mitológicas hasta las teorías y paradigmas contemporáneos y se trató el problema del papel que la explicaciones mitológico-religiosas han jugado en la explicación del origen del cosmos. Para Hawking, como para Laplace, Dios no es una variable en el conjunto de ecuaciones que describen el origen y la evolución del universo. En los modelos cosmológicos actuales la intervención divina no es necesaria.

Hawking reveló que en la década de los ochenta, el Papa Juan Pablo II exhortó a los científicos a no adentrarse en el estudio del momento inicial del cosmos, al tratarse este de un tiempo sagrado. El científico bromeó con un texto atribuido, al parecer erróneamente a San Agustín, en el que cuando se le pregunta qué estaba haciendo Dios antes de crear el universo, respondió: estaba haciendo un infierno para los que hacen preguntas como estas.

El texto de San Agustín dice literalmente:

14. “He aquí que yo respondo al que preguntaba: «¿Qué hacía Dios antes que hiciese el cielo y la tierra?» Y respondo, no lo que se dice haber respondido un individuo bromeándose, eludiendo la fuerza de la cuestión: «Preparaba—contestó—los castigos para los que escudriñan las cosas altas.» Una cosa es ver, otra reír. Yo no responderé tal cosa. De mejor gana respondería: «No lo sé», lo que realmente no sé, que no aquello por lo que fue mofado quien preguntó cosas altas y fue alabado quien respondió cosas falsas.” (San Agustín. Confesiones. Libro XI)

The History & Structure of the Universe (Infographic).

Estructura, evolución e historia del universo. (Infografía. Espace.com)

La verdad es que la conclusión de Agustín de Hipona no es que sea tampoco muy satisfactoria, pues según el Santo, Dios no hacía nada antes de crear el Universo. La fusión de teología y física, en el mejor de los casos resulta estéril.

Hawking terminó hablando de la Teoría-M que postula la posibilidad de que puedan coexistir múltiples universos en los que podrían darse muchas formas distintas de existencia y que tan sólo en unos pocos podría darse una forma de existencia similar a lo que llamamos humanidad. Por último, defendió la investigación en cosmología dado que en algún momento antes de los próximos 1000 años nuestra especie deberá abandonar el planeta.