Males sin daño; del racionalismo al intuicionismo moral


Autor: Manuel Daza (Departamento de Filosofía)

Con esta entrada en el blog del departamento, nos proponemos debatir, en la misma línea de Adela Cortina en el inicio de su reciente libro “¿Para qué sirve realmente…..? La Ética[i], si el problema que se plantea en lo que en la literatura anglosajona se ha denominado como “males sin daño”, como recurso para el análisis del juicio moral, es moral o de otro tipo.

La investigación sobre el juicio moral ha estado dominado por modelos racionalistas, en los que se piensa que el juicio es causado por el razonamiento moral. Este modelo subraya el “poder de una razón a priori para comprender verdades sustantivas sobre el mundo”, de manera que conocimiento moral y juicio moral se alcanzan primeramente por un proceso de razonamiento y reflexión (Kolhberg y Piaget). Las emociones morales, como la simpatía, podrían a veces intervenir en el proceso de razonamiento, pero no son la causa directa de los juicios morales.

Los filósofos han descrito frecuentemente el conflicto entre razón y emoción como un conflicto entre divinidad y animalidad. El drama de la vida moral humana fue la lucha de la razón para controlar las emociones (el cuerpo), canalizando las pasiones hacia fines virtuosos. Sin embargo, muchos autores consideran que las emociones son determinantes en la formulación del juicio moral y que el razonamiento moral es una construcción post hoc, generada después de que se haya formado el juicio.

Ya en el siglo XVIII filósofos escoceses e ingleses comenzaron a discutir alternativas al racionalismo y defendieron que las personas tienen un sentido moral incorporado que crea sentimientos agradables de aprobación hacia acciones benevolentes y los correspondientes sentimientos de desaprobación hacia el mal y el vicio. David Hume propuso que los juicios morales son similares en cuanto a la forma a los juicios estéticos. Los dos derivan del sentimiento, no de la razón, y logramos conocimiento moral por una “sensación inmediata y un sentido interno afinado”, no por “una relación de argumento o inducción”. Su afirmación más radical fue que “no hablamos estricta y filosóficamente cuando nos referimos al combate entre pasión y razón. La razón es, y debería ser sólo la esclava de las pasiones, y no puede pretender otra función que la de servirlas y obedecerlas”[ii]. La clave del ataque de Hume al racionalismo fue que la razón por sí sola no puede cumplir el magnífico papel que le ha sido atribuido desde Platón. La razón nos permite inferir que una acción particular provocará la muerte de muchas personas inocentes, pero a menos que nos preocupemos por esas personas y que tengamos algún sentimiento que valore la vida humana, la razón por sí sola no puede desaconsejar realizar la acción. Este enfoque emotivista no fue bien recibido por Kant que ha tenido un impacto mucho mayor sobre los filósofos morales modernos (Hare, Rawls) que han seguido con en el intento de deducir un fundamento de la ética desde el sentido de la racionalidad misma.

El modelo intuicionista social es presentado como una alternativa al modelo racionalista, en la medida en que pone menos énfasis en el razonamiento privado hecho por los sujetos y en lugar de ello enfatiza la importancia de las influencias sociales y culturales. De esta manera, el juicio moral es generalmente el resultado de evaluaciones (intuiciones) rápidas y automáticas. El intuicionismo en filosofía afirma que hay verdades morales y que cuando las personas comprenden estas verdades no lo hacen por un proceso de racionalización y reflexión sino más bien por otro más parecido a la percepción, en el que uno “sólo ve sin argumentos que aquéllas son y deben ser ciertas”. Por tanto, lo que se tiene en primer lugar son las intuiciones morales (incluyendo los sentimientos morales) y estas causan directamente juicios morales.

De hecho, una de las conclusiones de la neuroética al analizar cómo formamos los juicios morales y comprobar cuáles son los correlatos cerebrales de esa actividad que es la formación de los juicios morales, es que están ampliamente basados en la intuición de lo que es correcto o incorrecto en los casos particulares. En este punto fueron pioneros los trabajos de Jonathan Haid y Joshua Greene

Greene propone a sus encuestados dilemas personales e impersonales y constata que las respuestas son intuitivas, automáticas, y que las decisiones ante dilemas personales suponen más actividad cerebral en las zonas asociadas con la emoción y la cognición moral, que en el caso de dilemas impersonales. ¿Por qué reaccionamos de una manera distinta ante los dilemas personales y los impersonales?, ¿qué nos lleva a interesarnos por los cercanos y desentendernos de los lejanos? Según muchos autores, la respuesta podría encontrarse en los códigos de funcionamiento, fundamentalmente emocionales, más primitivos de nuestro cerebro, adquiridos a lo largo de la evolución.

Jonathan Haidt

También Haidt[iii] se pregunta por la formulación de juicios morales y para encontrar respuesta recurre a ejemplos de “males sin daño”, a ese tipo de acciones que no causa daño a nadie y, sin embargo, provoca una respuesta afectiva. Julia y Marcos son hermanos. Se encuentran de viaje en Francia durante las vacaciones del colegio en verano. Una noche se quedan solos en una cabaña junto a la playa y consideran que sería interesante y divertido si intentaran hacer el amor. Al menos sería una experiencia para cada uno de ellos. Julia estaba tomando ya píldoras anticonceptivas, pero marcos usa también un preservativo por seguridad. Los dos disfrutan haciendo el amor, pero deciden no hacerlo más. ¿Qué opinas de esto? ¿Fue correcto que hicieran el amor?

Muchas personas que escuchan la historia anterior inmediatamente afirman que fue incorrecto que hicieran el amor, y a continuación comienzan a buscar razones que inciden en los riesgos de la endogamia, aún cuando los hermanos utilizaran anticonceptivos. Argumentan también que resultarían dañados emocionalmente, incluso cuando la historia deja claro que no sufrieron ningún perjuicio. Ocasionalmente mucha gente dice cosas como “no lo sé, no puedo explicarlo, sólo sé que es incorrecto”. Según el modelo intuicionista social uno siente un flash instantáneo de revulsión ante la idea del incesto y sabe intuitivamente que algo está mal. Después cuando se enfrenta con una demanda social para una justificación, despliega argumento tras argumento, incluso después de que el último haya sido refutado. El proceso de razonamiento es más parecido a un abogado defendiendo a un cliente que a un juez o un científico buscando la verdad.

Llegamos pues a la conclusión de que no formulamos juicios morales de forma deductiva a partir de un principio moral general. Por el contrario, parece que el juicio moral es intuitivo, automático, más guiado por la emoción que por la razón. Y con esto, parece que se abre ahora una nueva etapa para la psicología evolutiva radicalmente distinta de la instaurada por Piaget y Kohlberg; frente al racionalismo de estos autores se abre la fase de la intuición y las emociones como elementos fundamentales en la formación de los juicios morales. Y esta nueva fase cuenta con el aval de investigaciones neurociéntificas.

Muchos son los ejemplos de “males sin daño”, como el de la familia que decide comerse a su perro, al que ha atropellado un camión, para sacarle alguna utilidad, una vez muerto, o el de la señora que seca el inodoro con la bandera nacional, por no tener otro paño a mano. En ninguno de estos casos se daña a nadie, pero se tratan de hechos que producen cierta repugnancia a primera vista, un sentimiento que, como ya sabemos, se ha ligado en ocasiones con el rechazo moral.

Algunas teorías defienden que sólo hay problemas morales cuando se daña a alguien y, por lo tanto, que algunas acciones que podríamos considerar malas porque nos parecen repugnantes no son moralmente malas si no producen daño alguno. Otros autores, sin embargo, piensan que la moral tiene que ver con no dañar, pero también con no realizar acciones repugnantes.

Reflexionemos sobre el siguiente ejemplo; un joven promete en el lecho de muerte a su madre, que le llevará flores a su tumba si fallece. Muere la madre, pero el hijo incumple su promesa y no lleva las flores al cementerio. La madre no sufre ningún daño porque ya no le afecta, y cabe preguntarse si el hijo ha actuado moralmente mal.

Ante esta situación, podríamos encontrarnos con distintas posibilidades:

                                i.            No podría hablarse de inmoralidad porque nadie resultaba dañado. La fallecida no sufría por el incumplimiento porque ya no se enteraba de nada.

                              ii.            Que la madre no se entere no es una razón para asegurar que la acción no esté mal, porque tú puedes pasarte toda tu vida engañando a tu pareja, que no se entere y, sin embargo, eso estaría mal. Engañar en quien confía en ti, lo sepa o no, es impresentable.

                            iii.            La inmoral es la madre por empeñarse en que su hijo le lleve flores a la tumba

Cuando analizamos todas las posibilidades, quizás la que tenga mayor aceptación sea la segunda que nos indica que la moral tiene que ver con no dañar, pero también con no defraudar la confianza. Y así entramos directamente en la ética como un juego con muchas cartas, que se va tejiendo a lo largo de la historia a partir de tradiciones.


[i][i] Adela Cortina, ¿Para qué sirve realmente….? La ética, edit. Paidós 2013

[ii] David Hume, Tratado de la naturaleza humana

[iii] Jonathan Haidt. El perro emocional y su cola racional: un enfoque intuicionista social del juicio moral. Este artículo ha sido publicado en Neurofilosofía práctica de la editorial Comares (Granada, 2012)

En defensa de la Filosofía


En este artículo de El País (Personalidades de la cultura y de la ciencia, por la defensa de la filosofía),  publicado el 29 de septiembre de 2013, se hace una defensa por parte de distintos intelectuales de disciplinas diversas, sobre la necesidad de incluir, como hasta ahora viene siendo, la filosofía en el curriculum académico.

Rajoy o el Filósofo Rey


“¿Qué se puede decir de Platón que no sepamos ya?”

El Filósofo Rey

El Filósofo Rey

En la sección  “el rincón pensar” del MUndo Today, se analiza la figura del “Filósofo Rey” que aparece en La República de Platón, filósofo del que M. Rajoy es un gran seguidor.

El Mundo Today: EL Filósofo Rey

Sobre la utilidad de la Filosofía


Autor: José Luis Fernández Moreno

"¿Y por qué su culo apunta al cielo?" / "Es que aprende astronomía por su cuenta" http://ohcaspita.wordpress.com/

“¿Y por qué su culo apunta al cielo?” / “Es que aprende astronomía por su cuenta”
http://ohcaspita.wordpress.com/

Desde que Aristófanes escribiera Las nubes, mucho se ha dicho sobre la utilidad y la función de la Filosofía. Si desde fuera la actividad filosófica se ha considerado, en el mejor de los casos, como una pérdida de tiempo (Filosofía= cantidad de tonterías dividida por unidad de tiempo). Desde dentro también ha sido frecuentemente cuestionada.

Aún recuerdo el congreso en Granada “¿Filosofía para qué?”.

Kant en la Crítica de la Razón Pura ya advertía de la parálisis que sufría por entonces la Filosofía (metafísica) si se la comparaba con el desarrollo que estaban experimentado otras áreas del conocimiento. Los empiristas hablaban de arrojar los libros de metafísica a la hoguera. Ayer, Carnap y compañía nos dejaron muy claro que cierta actividad filosófica podría ser denunciada en un juzgado de guardia; y más recientemente, Sokal y Bricmont nos alertaban de las “Imposturas intelectuales” que ejercen los llamados filósofos postmodernos (Lacan, Deleuze, Baudrillard…)

Mira que uno ha visto cosas raras, y más en la Facultad de Filosofía, tanto que casi podría asumir el famoso monólogo de Nexus VI en Blade Runner “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…”. En una facultad donde algunos profesores veían extrañas relaciones, que sólo ellos eran capaces de entender, entre la Filosofía Analítica y los campos de exterminio, y donde, así me lo hace saber un antiguo alumno de este centro, el Departamento de Filosofía 2 ha programado unas conferencia con el título “La comunidad ortopédica. Prolegómenos para una crítica de patologías según el paradigma inmunológico” y “Sombras de la hibridación y la alteridad a la luz del claro”.

Una labor propia de la Filosofía es cuestionar su propia actividad, pero que un político cuestione su utilidad y su derecho a recibir financiación del Estado es excesivo. Recientemente un político de la coalición conservadora en Australia ha defendido que se deberían retirar las subvenciones a las investigaciones en Filosofía en particular y de las humanidades en general, por suponer para las arcas del Estado un “despilfarro”, al tratar estas investigaciones sobre asuntos “ridículos” y de escasa utilidad.

En estos tiempos que corren, en los que se quiere eliminar del currículo las asignaturas de Filosofía, sirvan estas rápidas reflexiones sobre los exabruptos del político conservador australiano para intentar aclarar a qué se dedica la Filosofía y dar comienzo al nuevo curso.

Dos son los problemas que se plantean a raíz de las declaraciones del político. De un lado, como Paul Redding señala en su respuesta publicada en The Guardian al político conservador, la labor en Filosofía no es ociosa y por lo tanto, su financiación no es un despilfarro. La Filosofía, comenta Redding, trabaja con conceptos, de la misma manera que los matemáticos trabajan con números, Los conceptos son “las bisagras de los procesos de razonamiento” y permiten establecer conexiones entre conceptos y con el resto del mundo.

brainpages.org

brainpages.org

Trabajar con conceptos nos permite ir más allá de ser simples artefactos biológicos que reaccionan a los cambios en el entorno, continúa Redding. Es precisamente la capacidad de trabajar con conceptos lo que nos convierte en lo que somos.

La Filosofía es análisis de conceptos y ayuda a otras disciplinas a clarificar sus propios conceptos y a establecer relaciones que permiten su desarrollo y la transferencia de conocimiento de unos campos del saber a otros.

Sería largo y no es el momento de hablar de la relación entre ciencia y Filosofía, pero la Filosofía puede, aunque ese no sea su interés primordial, tener una dimensión práctica. Pensemos en los trabajos que se realizan en ética, o cómo los estudios en neuroética tienen una repercusión directa en campos como el derecho, el marketing o los implantes en robótica y nanotecnología.

El segundo problema que se plantea es la injerencia de los políticos en el ámbito de la investigación. Si bien es cierto que se debe regular con criterios de eficacia y de oportunidad en qué se gasta el dinero de los ciudadanos/as, no está tan claro que sean los políticos/as quienes tengan que tomar esas decisiones. Capacitar a los políticos/as para crear una versión del “Ministerio de la verdad” supone aceptar que los políticos son independientes y no se dejan influenciar por los intereses de las grandes corporaciones, del mercado, o simplemente de aquellos que, de una manera más o menos legal, financian sus actividades. Pensemos simplemente en lo que ahora se llama “la puerta giratoria” por la que los políticos salen de su actividad privada, pasan un tiempo dedicados a la política, y finalmente vuelven a sus actividades privadas curiosamente trabajando para grandes empresas de sectores energéticos y estratégicos. De esta manera se puede diseñar desde la política energética de un país, a decidir las líneas de investigación que se van a financiar en ámbitos tan complicados como la biomedicina, tecnología de doble uso, o las relaciones que se tienen con las industrias farmacéuticas.

Cuando un proyecto de investigación es aprobado, en el caso que nos ocupa por el Australian Reasearch Council, debe haber superado todos los filtros burocráticos, demás de los que imponen los propios protocolos de investigación. Es la comunidad de investigadores/as quienes tienen que decidir en qué merece la pena investigar. Si la inversión privada puede ofrecer utilidad y que el dinero invertido acabe dando réditos no sólo económicos, la inversión pública debe garantizar la independencia de los investigadores/as.

Finalicemos con un argumento de autoridad a favor de Redding

4.112. El objeto de la filosofía es la aclaración del pensamiento.

Filosofía no es una teoría sino una actividad […] El resultado de la filosofía no son ‘proposiciones filosóficas’ sino el esclarecerse de las proposiciones.

La filosofía debe esclarecer y delimitar con precisión los pensamientos que de otro modo serían, por así decirlo, opacos o confusos.” (Ludwig Wittgesntein. Tractatus Logico-Philosophicus)