“Error del sistema. Reiniciar”. Democracia directa y Participación ciudadana


Autor: José Luis Fernández Moreno

“¡¡Que no nos representan, que no!!”

Como ya vimos en las entradas de este blog ” La justicia como equidad”  y A Rawls rogando…“, la legitimidad de un sistema democrático para Rawls depende de que existan procedimientos burocráticos-racionales, en un sentido similar al que hablaba Max Weber, recogidos en una constitución que sea aceptada por los ciudadanos. Entre los valores o “esencias” constitucionales, se incluyen los mecanismos de participación de la ciudadanía en los procesos y deliberaciones necesarios para la aprobación de las leyes. Es fundamental entonces, que la ciudadanía tenga unos niveles de participación lo más alto posibles, pues de lo contrario, los ciudadanos acaban convirtiéndose en meros votantes pasivos, “consumidores satisfechos” como dijo el profesor Tierno Galván, desligados de la actividad política.

Cuando se alteran o se niegan directamente las vías de participación política y se fracturan los vínculos entre representantes y representados, se produce un grave déficit democrático que acaba minando la propia legitimidad del sistema.

La Constitución española posibilita, en principio, formas de participación directa de los ciudadanos en la actividad política. Sin embargo, la participación de los ciudadanos se limita a elegir a unos representantes sobre los cuales no tienen el más mínimo control, ya que los elementos que posibilitarían este control de los representados sobre sus representantes  (iniciativa popular, referéndum) no son vinculantes, y tal y como se ha comprobado recientemente con la Iniciativa Legislativa Popular para solucionar el tema de los desahucios,, avalada por más de un millón de ciudadanos, en su fase de tramitación ha quedado totalmente desvirtuada.

Reducir el déficit democrático pasa necesariamente por modificar parte de las reglas de juego que los españoles que pudieron votar se dieron en la Constitución de 1978. Bajo el hashtg “#Reforma13 se presenta la propuesta de los abogados hispano-suizos Daniel Ordás, autor del libro “España se merece una democracia directa“, y Juan Antonio Cortizo de un cambio profundo de la Constitución, con el objetivo de acercar el sistema español al de sistema suizo en el que se practica una democracia directa. Esta propuesta de reforma incluiría además elementos de los sistemas políticos danés, sueco y alemán.

Entrevista en el programa Salvados (“Ciudadano Klinex”) a Daniel Ordás

La implementación de un sistema de democracia directa requiere de dos elementos fundamentales. De un lado, la Iniciativa Popular que permitiría a los ciudadanos/as presentar leyes proyectos de ley o modificaciones a una ley, incluyendo la propia constitución; y de otro, el Referéndum que posibilitaría oponerse a una ley aprobada por el gobierno o por la asamblea de representantes. En el actual sistema cuando la ciudadanía quiere castigar a un partido político o a un gobierno sólo puede hacerlo cada cuatro años y de una manera un tanto peculiar, o lo premia totalmente renovando su voto, o lo castiga totalmente negándoselo. El referéndum permitiría a un ciudadano/a mantener su fidelidad al partido que mejor encajara con su “doctrina comprehensiva razonable”, pero a la vez, pudiendo manifestar su rechazo a leyes concretas.

Lo que se plantea es una revocación parcial por parte de la ciudadanía del mandato ofrecido al poder legislativo cuando se considere que se aprueba en la cámara de representantes puede ser lesiva de los derechos o intereses de los ciudadanos.

Pancarta 15 M

Todos estos cambios que afectan a los procesos electorales, a las funciones de las cámaras de representantes y al sentido mismo que se otorga a la expresión “representante del pueblo”, esto es a lo que se espera de los políticos, redundarían, no sólo disponer de una democracia directa y en un mayor control de la corrupción política, sino también en la formación de una ciudadanía más activa y más comprometida con la gestión de la “res publica”.
La reforma se centra en seis elementos claves de nuestro sistema democrático que afectan tanto a las instituciones, como al papel que deben jugar los representantes políticos y al sistema electoral.

En los siguientes apartados podéis encontrar un análisis muy interesante tanto de la situación actual del sistema democrático español en la que se describen los problemas que presentan, como las propuestas de cambio que habría que introducir en la Constitución. En estas secciones se pueden comentar las distintas propuestas y ver el borrador, con los comentarios y anotaciones, de los cambios constitucionales (en formato pdf).

Conferencia: “España se merece… DEMOCRACIA DIRECTA” – Daniel Ordás

La Justicia como equidad


Autor. Manuel Daza Ramos

J. Rawls parte de la idea de que la libertad va unida a la igualdad y no puede desligarse de ella. Los recursos y recompensas sociales no dependen del azar natural, la dominación o las contingencias y para garantizar la imparcialidad a la hora de dar contenido concreto a esa idea de justicia, es necesario articular un procedimiento en el que los legisladores desconozcan qué les puede resultar ventajoso particularmente. El resultado serían los principios más generales de justicia: el máximo de libertades fundamentales para todos, la estricta igualdad de oportunidades y la sola aceptación de las desigualdades que reviertan en beneficio de los menos favorecidos. Desde esta preocupación su filosofía puede denominarse como liberalismo igualitario.

Texto
“El liberalismo político responde que la concepción de la justicia debe ser una concepción política, tal como se definió en § 9.1. Dicha concepción, cuando es satisfecha, nos permite decir lo siguiente: el poder político es legítimo sólo cuando es ejercido de acuerdo con una constitución (escrita o no escrita), cuyas esencias pueden aceptar todos los ciudadanos, como ciudadanos razonables y racionales que son, a la luz de su común razón humana. Éste es el principio liberal de legitimidad.

Es un desideratum adicional el que todas las cuestiones legislativas que conciernen a esas esencias o lindan con ellas, o son altamente divisivas, también se resuelvan, en la medida de lo posible, siguiendo directrices y valores que puedan aceptarse de forma similar”.
J. Rawls, La justicia como equidad. Una reformulación.

Asamblea Nacional Francesa

El problema de la legitimidad podríamos formularlo así: ¿en qué condiciones puede considerarse plenamente adecuado o justificado el ejercicio del poder en una sociedad democrática? La respuesta de Rawls es que la teoría de la justicia como equidad es el marco para la idea liberal de legitimidad. Un poder es legítimo si existe una aceptación de su autoridad entre los miembros de la comunidad. Según el liberalismo, el poder político sólo está justificado (es justo) cuando se ejerce de acuerdo con una constitución que sea, en sus aspectos fundamentales, consensuada por todos los ciudadanos y que garantice la pluralidad y la libertad. Estos ciudadanos poseen “capacidades morales fundamentales”: la racionalidad, o capacidad de desarrollar y de intentar poner en práctica una concepción del bien y la razonabilidad, o capacidad de desarrollar un sentido de la justicia.

Una vez establecido el marco general (constitución consensuada), constituye además un rasgo deseable que exista un procedimiento igualmente consensuado (en valores, directrices y reglas) para dirimir los asuntos relacionados con las cuestiones básicas o colindantes con ellas, y también las que provoque una alta división en la sociedad. Pensemos en el tema del aborto, de la eutanasia, del matrimonio homosexual o de la reforma laboral. No se trata simplemente de que el partido que gobierne imponga sus ideas por estricta ley de mayoría, sino que han de existir técnicas y orientaciones aceptadas por todos para resolver estos asuntos. Así en nuestro país, en el marco del derecho, se crean instituciones como la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional.

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El tránsito del mito al ‘logos’ y del héroe al superhéroe


«Y los dioses, sentados junto al fulminante Zeus, miraban con admiración el ímprobo trabajo de los aqueos de broncineas túnicas. Y habló así entre aquellos Poseidon el que conmueve la tierra: -padre Zeus ¿quién de los mortales que viven en la tierra inmensa consultará en el futuro a los Inmortales, acatándola? ¿No adviertes que los que los aqueos melenudos han construido ante sus naves una muralla con foso en derredor, y no ofrecieron ilustres holocaustos a los dioses? Su gloria se extenderá tanto como la luz de la Aurora, y los muros que Febo, Apolo y yo alzamos al héroe Laomedón serán echados en el olvido» (Homero. La Iliada. Rapsodia VII)

La transición del pensamiento mitológico al pensamiento racional suele hacerse coincidir con el surgimiento de la Filosofía aproximadamente en el Siglo VI a.C., aunque quizá en este pasaje de La Iliada ya se anticipa una idea inquietante, y es que el ser humano se basta así mismo y no necesita de la ayuda de los dioses, por lo que estos acabarán siendo olvidados. El mito es entonces sustituido por el pensamiento racional, científico y filosófico. Se suele pensar que fue la escritura, al someter la tradición oral a la rigidez de la lógica necesaria de texto escrito, la que posibilitó el abandono de las formas del pensar mitológico. Sin embargo, cabe pensar que los mitos nunca han dejado de acompañarnos. Si bien los mitos han dejado de ser cosmogónicos y no sirven para explicar el origen del cosmos, eso no quiere decir que no cumplan otras funciones, y que no estén ahí, revestidos de nuevos ropajes, para hablarnos sobre la naturaleza de las relaciones humana, de la moral, la justicia, el bien, el deber y los anhelos y esperanzas del ser humano.

Gustav Jung, fundador de la Psicología Analítica, nos decía que en los mitos existe un valor simbólico que permite crear representaciones de aspectos claves de la cultura. Estos arquetipos son expresiones de un inconsciente colectivo en el que se expresan, mediante narraciones fantásticas, aspectos esenciales de la naturaleza y de la cultura humana.

Un arquetipo que aparece en todas las culturas es la figura del héroe. El héroe es el arquetipo en el que se reúnen todas las virtudes del ser humano idealizadas en su figura. Es aquí donde la aparición en la literatura popular, en el comic o en el cine, de la figura del Superhéroe parece sustituir a los héroes clásicos que hemos heredado de la tradición grecoromana. Los Superhéroes que podemos ver ahora en el cine o leer en los comics de Marvel serían nuestros Aquiles, Héctor, Jason o los argonautas actuales.

Para Joseph Campbell (Campbell (1962-1968) La máscara de Dios. Alianza Editorial. Madrid. y Campbell (1992) El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. F.C.E.) , el mito cumple a lo largo de los tiempos funciones esenciales en todas las sociedades. Funciones relacionadas con la necesidad de guiar la conducta de los sujetos o de validar el orden social y político existente, dando así consistencia a una cultura. Como veremos, estas funciones son perfectamente asumidas por nuestros héroes modernos, conformando así la nueva mitología.

El director y escritor Guillermo del Toro justifica la aparición de la literatura del Superhéroe: “El mundo necesita una nueva mitología, y esa mitología es la de los superhéroes. […] Este es un periodo política y humanitariamente muy desconcertante, en el que se ha producido un serio retroceso en la línea ética de la humanidad como especie y se requiere un replanteamiento de la existencia en términos heroicos”.

En su obra The Power of Myth (J. Campbell,(1991) El poder del mito, en diálogo con Bill Meyers. Emercé, Barcelona) Campbell sostiene que todo héroe debe transitar de forma cíclica por tres etapas. La salida, como respuesta a una llamada, en la que el héroe abandona el estado o la situación en la que se encuentra y se incorpora al mundo. La salida permite al héroe tomar el camino de la iniciación superando pruebas que le permitirán configurarse como el héroe que es y en la que se muestra como el ser digno de poseer las cualidades que le convierten en un héreoe. Por último, el héroe, transformado, debe volver a su estado inicial en una fase de regreso con la que se completa el ciclo.

La profesora Rebecca Housel («El mito, la moral y las mujeres de la Patrulla X» en Morris, T. y Morris M. (ed.)2010). Los superhéroes y la filosofía. Blackie Books, Barcelona) identifica estas fases por las que evoluciona el héroe, en la figura de Tormenta Perfecta, heroína que se incorpora a la Patrulla X y que aparece por primera vez en el número I del cómic Gigant-Size X-men en 1975. Los superpoderes que reúne la princesa Munroe Ororo Iqadi T’challa, hija de una princesa africana y de un periodista estadounidense, le permiten controlar los fenómenos atmosféricos. Tormenta abandona el lugar de diosa que ocupa en su tribu keniata, y es reclutada por el Profesor Xavier para superar las pruebas que el destino le depara en su nueva condición de heroína y luchadora por el bien y la justicia. Para volver transformada y encontrar un nuevo objetivo que cumplir.

Es quizá en la figura de Jean Grey una de las integrantes originales de la Patrulla X, cómic que se edita por primera vez en 1963, donde se pueden observar estos cambios paradigmáticos del héroe. Jean Grey se transformará, en un acto de sacrificio final para salvar la vida de sus compañeros mutantes, en Phenix. En este nuevo estado trasciende su situación inicial y se convierte en una nueva figura que requiere de nuevas metas y nuevas pruebas, para desgracia de Cíclope y de Lobezno.

Una de las peculiaridades del héroe, clásico o moderno, es que representa simbólicamente la conciencia colectiva de una cultura en una época concreta. En 1929 se produce la gran crisis del sistema económico norteamericano dando lugar a “La Gran Depresión”. Es en esta época cuando se empiezan a popularizar las historietas gráficas y los comic-books, en sus muchas variantes. Aventuras, misterio, ciencia ficción son los ingredientes de estas nuevas manifestaciones culturales que permiten fantasear con un mundo al margen de la situación de crisis, paro, tragedias personales y cotidianas a las que se enfrentaba la gente a diario. Es por tanto la manifestación de una fantasía colectiva lo que dará lugar a la popularización de personajes surgidos en esa época como Superman, Batman o el Capitan Marvel, que no serían sino la evolución de personajes heróicos anteriores como Dick Tracy o Flash Gordon.

Si algo caracteriza a un héroe es su alto sentido del deber y de la justicia. Un Superhéroe actúa, diría Kant, por deber, y no simplemente conforme al deber. Ser un Superhéroe requiere altas dosis de sacrificio y de renuncia. En su transformación como Superhéroe, Peter Parker, tras un suceso dramático como es la muerte de su tío a manos de un delincuente , que hace de efecto llamada y que le lleva a convertirse en un defensor de la justicia y en un enemigo del delito y del crimen, pasa por estados en los que se plantea si no debería renunciar a los poderes que tiene como Spiderman y que le impiden llevar una vida normal con Gwen Stacy o Mary Jean. Es sólo un alto concepto del deber lo que le lleva a seguir persiguiendo el crimen. (Un interesante artículo sobre las mujeres en la vida de Spiderman lo podéis encontrar en “Las mujeres de Spiderman” Blog de Julian M. Clemente. Visitado el 29/09/2012)

Podíamos decir que los Superhéroes, al menos hasta la década de los años 80 del pasado siglo, pasarían con nota el test de Kohlberg. En su análisis sobre el desarrollo moral, L. Kohlberg diferenciaba entre tres niveles. Un nivel “preconvencional” centrado fundamentalmente en el propio sujeto y que le lleva a comportarse de una forma egoísta intentando evitar situaciones dolorosas y centrarse sólo en la búsqueda de placer inmediato. Un segundo Nivel “convencional” en el que el sujeto busca ser aceptado por un grupo. Para ello el sujeto pretende satisfacer las expectativas que el grupo tiene de él cumpliendo de forma acrítica las normas sociales establecidas. Y por último, un nivel “postconvencional” en el que el sujeto se replantea las normas y se pregunta con frecuencia si lo justo no sería precisamente incumplir con la norma y saltarse la ley, aunque esto le suponga graves perjuicios personales. Las personas que alcanzan un nivel de desarrollo moral tan alto justifican sus acciones apelando a principios éticos de carácter universal. Se trata de un nivel de razonamiento en el que se acepta que situaciones diferentes requieren planteamientos y acciones diferentes. Desde esta perspectiva el Superhéroe se encuentra revestido de virtudes morales como la piedad, la justicia, el sacrificio y representarían el anhelo colectivo de un mundo más justo.

Pero ¿puede precisamente este alto sentido del deber y de la rectitud moral convertir a los superhéroes en “Justicieros del imperio”? (Pedro Granoni. Justicieros del imperio. Los superhéroes en la guerra contra el terror. Visitado el 29/09/2012) Tebeosfera). El Superhéroe clásico acaba convertido en un defensor del sistema y del orden social establecido convirtiéndose este tipo de literatura en una “literatura tranquilizadora, socialmente integradora que no deja espacio para el cuestionamiento de las estructuras sociales”.

Si hay un defensor de este orden social y económico establecido es el Capitan Ameríca. El Capitan América surge durante el periodo de la II Guerra Mundial para luchar contra los enemigos de Norteamérica que se presenta a sí misma como salvaguarda y garantía de los valores democráticos, frente a la tiranía nazi o comunista. Estos “héroes limpios” de cualquier duda sobre su antiamericanismo o la moral al uso, acabarían integrados en la JSA (Sociedad de la Justicia de América) creada por Sheldon Mayer y el escritor Gardner Fox en 1940 (All Star Comics nº 3) y posteriormente, en los sesenta, en la JLA (Liga de la Justicia Americana) que apareció por primera vez en The Brave and the Bold N° 28.

“Cuando miras largo tiempo al abismo también este mira dentro de tí” (F. Nietzsche)

Es a partir de la publicación de Watchmen (Alan Moore guión y dibujos de Dave Gibbons (1986). DC Comics.) (Argumento y personajes) cuando la mitología del superhéroe da un giro radical y permite hacer una reflexión más profunda y menos inocente sobre la psicología de los personajes, la política, la moral y las ideas de justicia.

Los cómics han dejado de ser, si es que alguna vez lo fueron, historias inocentes que relatan las aventuras de tipos embutidos en ridículos disfraces. Las cuestiones que se plantean en los cómics y en las novelas gráficas no son sólo problemas que se han venido tratando en la historia de la filosofía, son la expresión de los problemas que afctan a una sociedad en la que las ideas de justicia, de la acción política, del papel que debe jugar el ciudadano ante las leyes y qué hacer cuando las leyes son contrarias a los intereses de los ciudadanos y a sus convicciones morales, han dejado de ser meros constructos teóricos y exigen una respuesta en la que cada uno deberá decidir de qué lado está.

Si en Watchmen y en Civil War (argumento y contexto) el problema que se plantea es qué hacer ante el abuso del poder y como combatir el crimen puede llevar a “nuestros defensores” a convertirse en criminales, haciendo buena la sentencia de Nietzsche: ” Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en un mostruo.Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”). En V de Vendetta (guion de Alan Moore y dibujo de David Lloyd), este problema se aborda desde la perspectiva del que reclama la venganza y la violencia como arma política. El Doctor Manhattan, Nite Owl, Rorschach y el resto de personajes que aparcen en Watchmen no dudan en hacer uso de una violencia extrema en su lucha contra el crimen. En Civil War, el debate entre libertad y seguridad dará lugar a un conflicto de consecuencias devastadoras, aunque no menos devastadoras que la decisión de Ozimandias de hacer desaparecer la ciudad de Nueva York para así poder salvar a la humanidad. Y para V, matar al ministro del interior o al director de la policía no es algo cuestionable, sino que se enmarca dentro de nuestro derecho a combatir la tiranía y a defendernos del abuso de los poderosos, aunque esto implique volar el Parlamento.

“sin duda, somos criminales, siempre hemos sido criminales. Tenemos que ser criminales” (Batman) (Frank Miller (1986)  The Dark Knight Returns. DC Comics. NY  Batman. El regreso del caballero oscuro (2006) Planeta DeAgostini. Barcelona)

http://blogdesuperheroes.es

La línea que separa la justicia y la venganza se vuelve muy fina, y la venganza se presenta entonces como un sentimiento tan deseable como el de la justicia. En un mundo en el que no cabe esperar justicia, la venganza se vuelve una aspiración legítima. ”“El pueblo no debería temer al gobierno, el gobierno debería temer al pueblo.” “Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre. Conspiración, pólvora y traición. No veo la demora y siempre es la hora de evocarla sin dilación”. (V de Vendetta)

En una época convulsa en la que los intereses políticos y financieros están alejados de los intereses de los ciudadanos y en la que las leyes y la acción política de los representantes dejan fuera a los ciudadanos de la toma de decisiones, se hace necesaria una reflexión sobre qué hacer cuando el conflicto esté servido.

“La lección de Watchmen parece clara, si abdicamos de nuestro derecho a reclamar un mundo justo y encargamos ese trabajo a alguien, ese grupo acabará decidiendo sobre nuestra seguridad, protección y en última instancia sobre la idea misma de justicia”. (Aeon J. Skoble «Revisionismo de superhéroes en Watchmen y The Dark Knight Returns»).

P. D. También hubo en un tiempo héroes españoles que nos hicieron pensar en la posibilidad de un mundo más justo. Pero bueno, eso quedó allá por el plesitoceno.

¿Democracia 4.0?


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problema al que se enfrentan las democracias representativas actuales, o democracias 1.0, es en el fondo, un problema de legitimidad del sistema. Tal y como vimos en clase de Filosofía Política, siguiendo a Max Weber, el criterio de legitimidad en los modelos democráticos es el “burocrático legal” o “racional”. Siempre que se respeten las reglas del juego democrático establecidas en la Constitución, el gobierno resultante, una vez que el juego se ha puesto en marcha, tiene la legitimidad necesaria. Sin embargo, las voces críticas nos advierte de que por un lado, en los sistemas democráticos actuales cada vez cobra más peso el elemento carismático en detrimento del democrático. Es decir, cada vez se da más importancia al supuesto carisma del líder de los partidos que entran en la competición electoral, que a las propuestas democráticas que, de una forma clara expuestas en los programas electorales, se deben ofrecer al pueblo. En este sentido el sistema estaría privando al pueblo de algo esencial dentro del proceso de legitimación “burocrático legal” que es la información.
Por otro lado, la existencia de férreas estructuras jerarquizadas en los partidos y sus ejecutivas apartan al pueblo de la posibilidad de intervenir en la formación de las listas electorales y de los programas. El ciudadano pasa de este modo a ser un simple consumidor de “propuestas enlatadas”.
La consecuencia de esta tendencia en las democracias 1.0 (democracias en las que el ciudadano simplemente es un votante, que como en aquella web 1.0 únicamente podía ver las páginas sin poder interaccionar con ellas) es una fractura entre representantes y representados. La nueva formación de gobiernos en Italia y Grecia compuestos de tecnócratas, que al modo platónico desde su estado de noesis, tienen un acceso inmediato a la Verdad y a la Justicia, no haría sino profundizar en esa brecha entre la clase política –ya desaparecida- y el pueblo al que se le priva, por no ser experto en las materias, de la posibilidad, no ya de opinar sobre las leyes que va a padecer, sino incluso de elegir a sus representantes.

En el artículo publicado en El País “Se acabó el cheque en blanco”, podéis encontrar una propuesta interesante sobre la posibilidad de ampliar la democracia 1.0 a una democracia 4.0, en la que, al igual que en las nuevas redes sociales, los ciudadanos puedan gestionar, intervenir y en definitiva, aumentar el nivel de interacción en la vida pública. Se trataría, dicen los defensores de esta propuesta de trasladar mayor poder de decisión al pueblo.
Un artículo también interesante es “¿Democracia 4.0? La conciencia social no surge del ratón”, en el que se planean los peligros a los que se podría enfrentar esa democracia 4.0.
En definitiva, dos artículos representativos del debate sobre hacia dónde tienden las democracias representativas dentro del contexto de crisis económica en el que nos encontramos. Recordad que la idea que se intentaba mantener en clase es que los modelos económicos están asociados a sistemas políticos y que el hundimiento de un modelo económico arrastra en su caída al sistema político en el que está implementado.

Crisis de las democracias representativas


Pensaba escribir una entrada con motivo de los temas que estamos viendo en Filosofía Política, y mire usted por donde me acabo de tomar con este vídeo de Anonymous.
Operación 20N

Básicamente las críticas al sistema son las que todos/as conocemos y que pueden resumirse en el hecho de que las democracias representativas se han convertido en un modelo generador de élites, donde los poderes políticos ni representan ni están al servicio de los ciudadanos. Recientemente Richard Stallman, en la conferencia de clausura del III congreso Escuela 2.0 denunciaba como los políticos han dejado de trabajar para los ciudadanos y trabajan para las grandes corporaciones que financian sus costosas campañas electorales.
En definitiva, en las democracias 1.0, también conocidas como representativas, la intervención política está reducida al voto individual, y eso provoca que los ciudadanos son reducidos a átomos sociales cuya opción consiste simplemente en responder con un SI/NO a las limitadas opciones que se le plantean.
Se reducen las competencias de los ciudadanos porque los asuntos públicos se han convertido en temas de especialistas, reservados a las estructuras de los partidos y a los gabinetes técnicos de asesoramiento. Es este sentido, cobra especial importancia la actuación de las grandes corporaciones internacionales FMI, Banco Mundial, BCE… que deciden sobre la marcha económica excluyendo la opinión pública de aquellos que se ven directamente afectados por sus decisiones.
En la práctica, la dinámica de las democracias provoca que los partidos queden despegados de sus bases sociales y se conviertan en aparatos políticos del Estado. Funcionan como representantes de los ciudadanos en tanto que simbolizan opciones políticas, pero actúan como organizaciones estatales o supranacionales.
Hasta aquí un resumen del vídeo de Anonymous. Lo importante ahora es tu comentario. Este es un buen tema para el debate, independientemente de lo que se opine sobre la estrategia de la “operación 20N”, se abre ahora un tiempo para el debate sobre la crisis y el futuro de la democracia.